Una lágrima puede mantenernos vivos, aunque también es capaz de matarnos. Una lágrima no consigue que se te pase la tristeza, pero consigue que te desahogues. Puede significar felicidad o tristeza. Rábia o dolor. Una lágrima, es un gesto involuntario, del que muchas personas se avergüenzan.
Se puede llorar a solas, en silencio, llorar desahogándote de tal forma que todo el mundo es consciente de tu dolor. No hay nada malo en llorar. Como tampoco hay nada malo en que alguien te vea llorar o te consuele. Lo único en lo que tienes que pensar antes de llorar es ... ¿Esta lágrima... es merecida?
¿Y si aquella persona por la que lloras no es digna de tus lágrimas? ¿Cuántas veces hemos llorado por culpa de alguien al que en realidad no le importamos? Sólo aquellas personas que ya no tienen la capacidad de pedir perdón, la posibilidad de cambiar o empezar de nuevo, serán merecedores de nuestra tristeza.
Pero que lloremos por una razón, más o menos, lógica no significa que no debamos recuperarnos. Todos tenemos derecho a ser felices, por primera, segunda, tercera, y todas las veces que hagan falta.
Llora si te lo pide el corazón, si necesitas desahogarte o incluso si esas lágrimas te harán darte cuenta de que eso no solucionará tus problemas. Nada los solucionará a no ser que tú, decidas hacer de tus problemas un motivo para seguir en pie. Un motivo por el que vivir. Un motivo por el que dejar de llorar y empezar a construir tu vida a base de felicidad.

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